Viajar no es sólo descubrir nuevos lugares, sino también un modo de vida, una particular filosofía cada más en auge en el nuevo milenio y, como tal, existe un buen puñado derazones por las que las personas que viajan son felices.

#1 Son libres

Viajar a un destino dos semanas al año como plan de vacaciones es sinónimo de ser más libre, pero no al nivel de esos viajeros nómadas o asiduos a vivir entre escalas que, realmente, pueden presumir de su libertad. Los motivos que los hayan llevado a dejar atrás lo que debían en pos de lo que querían pueden ser muchos y discutibles; sin embargo, viajar es una perfecta válvula de escape, una posibilidad de fundirse con el mundo sin fronteras físicas o existenciales.

#2 No tienen prejuicios

Muchas veces vemos en las noticias esos atentados sucedidos en países árabes, el tráfico de drogas en Latinoamérica o el aumento de la pobreza en África, factores que condicionan ciertos lugares, inspirando numerosos prejuicios en esos televidentes, oyentes o lectores que tachan de su lista algunos destinos con malas etiquetas. Quien viaja conoce la verdad, aún sabiendo ciertas informaciones importantes, se mueve sin prejuicios, valorando el destino por sus muchas virtudes en vez del eterno defecto.
#3 Son creativos

Los viajes siempre inspiran, salvo que sólo cada uno sabe cómo puede canalizar tales estímulos. Dicen que la creatividad puede aplicarse a cualquier aspecto de nuestra vida, no sólo al arte. Podemos cocinar un plato creativo de un modo aún más inspirado, introducir nuevos cambios en nuestra rutina, escuchar música diferente mientras limpiamos… cambios que solemos introducir tras entrar en contacto con otra cultura, otras experiencias que influyen en nuestro día a día. Obviamente, el arte no es menos, y ya son muchos los escritores, poetas, pintores o, especialmente, fotógrafos que han descubierto su habilidad tras volver de un viaje.

#4 Los viajes regeneran

Los viajes son como una brizna de aire fresco en nuestras vidas, un modo de mantenernos ausentes de la rutina y contemplarla desde otra perspectiva, analizarnos mejor a nosotros mismos e, incluso, permitir que una parte se funda con el medio, con ese nuevo desafío a los sentidos. Viajar es el mejor modo de regenerarnos y reinventarnos, llenarnos de energía y retomar todos esos asuntos pendientes, esa rutina que necesitaba, de un modo u otro, oxigenarse.

#5 Fuera miedos

Esta ítem podría ir, perfectamente, ligada al punto «prejuicios». ¿Por qué? Porque las personas que viajan han sabido afrontar sus miedos, especialmente aquellas que lo hacen solas. Antes de todas esas experiencias, la sociedad siembra en nosotros unos miedos (por otra parte justificados) en los que andar solos por otro país, sortear imprevistos, controlar nuestro dinero o exponernos a ciertos riesgos sanitarios nos endurecen, nos desnuda de los miedos y nos convierte en personas más seguras e independientes.

Estas 5 razones por las que las personas que viajan son felices hacen especial hincapié en la pérdida del miedo y los prejuicios, pero también en una cierta regeneración, en exponernos a otros aires, culturas y experiencias con tal de enriquecer nuestra existencia, convertir la rutina en algo que nosotros mismos decidimos cómo llevar y, ante todo, ser más libres.

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